La historia que nadie cuenta en los tours
Russell Jordan llegó a Whistler en 1915 con una idea que hoy suena rarísima. Montar una granja de visones. El tipo se instaló cerca del lago Nita y empezó a criar estos animalitos para vender sus pieles. Era el negocio del momento.
Piénsalo bien. Mientras nosotros llegamos a Whistler pensando en esquiar o hacer senderismo, este canadiense vio las montañas y dijo "aquí voy a criar visones". La industria peletera estaba en su apogeo y las pieles de visón se vendían como pan caliente en Vancouver y Seattle. Jordan pensó que había encontrado la mina de oro.
El lugar que escogió no era casualidad. El lago Nita tenía agua fresca todo el año y estaba lo suficientemente aislado para no molestar a nadie. Además, el tren llegaba hasta Alta Lake, así que el transporte no parecía problema.
Cuando el pueblo tenía dos granjas de pieles
Un año después llegó otro empresario con la misma idea. Whistler tenía dos granjas de visones funcionando al mismo tiempo. Imagínate el Valley Drive lleno de jaulas en lugar de condos de millones de dólares.
La competencia se puso intensa rapidísimo. Los dos granjeros peleándose por los mejores terrenos, por conseguir el mejor alimento para los animales, por los contactos en la ciudad. Era como una telenovela pero con visones.
Para un mexicano es difícil imaginar este negocio. Nosotros estamos acostumbrados a que en las montañas haya pueblos mágicos o centros turísticos. Pero en esa época Canadá era puro negocio de recursos naturales. Madera, pieles, minería. El turismo ni se les ocurría.
El negocio que se esfumó
Las granjas duraron unos años pero no prosperaron. La cosa es que criar visones en las montañas no era tan rentable como pensaron. El clima, los costos de transporte, la competencia. Todo se les vino encima.
Los inviernos eran más duros de lo esperado. Los visones se enfermaban seguido y conseguir veterinario era casi imposible. El alimento había que traerlo desde Vancouver y salía carísimo. Encima, otras granjas más cerca de la ciudad empezaron a producir pieles de mejor calidad.
Jordan y su competidor se dieron cuenta de que habían elegido mal el lugar. Era bonito, sí, pero para hacer negocio necesitabas estar más conectado con los mercados. La aventura se acabó antes de 1920.
Lo que queda de esa época
Hoy no queda rastro de las granjas. Donde Jordan tenía sus visones ahora hay casas que cuestan lo que él no vio en toda su vida. Pero la historia está ahí, guardada en el museo del pueblo. Vale la pena conocerla la próxima vez que camines por Nita Lake.
Si vas al Whistler Museum & Archives Society te van a contar esta historia y muchas más. Está en el pueblo, súper fácil de llegar caminando desde cualquier hotel. Los canadienses son muy buenos guardando su historia local.
La próxima vez que veas esas casas millonarias alrededor del lago, acuérdate de Jordan y sus visones. A veces los negocios más raros son los que mejor se recuerdan.